domingo, 20 de septiembre de 2009

Un buen ejemplo para los hijos

Al considerar hacerme un tatuaje (del que nadie aún sabe el motivo), los argumentos a favor y en contra se hicieron llegar... varios de los comentarios me llamaron la atención, pero en especial uno que apelaba a mi cordura para no dejar de ser un buen ejemplo para mis hijos. Así que me brindé el tiempo para meditar profundamente sobre la importancia y la verdad detrás del ser un “buen ejemplo”.

En un principio traté de separar las características del buen ejemplo y las del malo, pero me encontré con algo completamente subjetivo, así que empecé a sentirlo en mi corazón, desde adentro… y se me concedió descubrir que en realidad los buenos y los malos no existen, simplemente cada quien tiene un punto de vista diferente… y la forma como se ve depende de nuestra capacidad de amar.
Me sorprendió ver claramente las incongruencias de nuestra sociedad. Es increíble como situaciones iguales son juzgadas de manera distinta según convenga... para explicarme mejor, usaré algunos ejemplos prácticos:

Si una mujer se pinta el cabello y se hace luces en el mejor salón de Polanco es muy bien aceptado, se ve glamorosa, elegante y con clase... pero si un joven se pinta el cabello de color verde se le tacha de loco y rebelde... es chistoso ya que la única diferencia evidente es el color del tinte.

Un anillo de matrimonio en la mano de un hombre refleja confianza, responsabilidad, estabilidad... en algunos casos hasta es la razón por la que podría ser contratado para un importante puesto. Pero si el anillo que se lleva en la mano es gótico la imágen es completamente opuesta... seguramente esa persona es deshonesta, maniática... seguro lo que quiere es asaltar a alguien.

Cuantas veces hemos escuchado con atención y con admiración documentales y conferencias sobre los Maoríes en Nueva Zelanda (la palabra maorí significa persona normal), sobre el milenario y místico significado de los dibujos (tatuajes) en sus cuerpos... pero irónicamente esa admiración y respeto desaparecen si alguien cercano decide hacerse un tatuaje tribal en el cuerpo. Inmediatamente se le etiqueta como naco, drogadicto y chavo banda...
A nuestras mamás, a nosotras y a nuestras hijas nos han adornado los lóbulos de las orejas con aretes y antes de haber cumplido una semana de nacidas, se nos hacen las respectivas perforaciones (sin el consentimiento de las interesadas). A lo largo de nuestras vidas enmarcamos nuestras caras con aretes de diferentes tamaños, colores y diseños, pero si cualquiera de nosotras quisiera ponerse un arete en el ombligo o en la ceja a los 18, la conmoción es generalizada: seríamos clasificadas como inmaduras, desubicadas, y como corrientes.
En fin, esto solo por mencionar algunas situaciones que son juzgadas, señaladas y segregadas a conveniencia y que probablemente ayuden un poco a entender lo que hoy quiero escribir. Y es que con tatuaje o no, con el pelo verde, rojo, café o rubio, hoy tengo claro que mi energía, mi tiempo y mi esfuerzo quiero dedicarlos a ser lo que para mi es un "buen ejemplo" para Manuel y para María Natalia:

Quiero (y necesito) ser ejemplo de aportación y contribución en cualquier circunstancia, nunca de destrucción; quiero que mis hijos aprendan de mi a ver siempre hacia el frente, hacia Dios con toda su fuerza y con claridad en su espíritu. Quiero que aprendan a amar con el corazón, no con los ojos…. Que sepan en todo momento hacer a un lado lo superficial y aprecien a las personas por su espíritu, no por su apariencia. Siento la necesidad de ser un ejemplo para que independientemente del aspecto físico o las coincidencias en gustos y costumbres, el vestido, el peinado o el color de la piel siempre se tomen el tiempo de mirar a los ojos a cada individuo y vibren dentro de ellos el espíritu, los sentimientos y el corazón de quien tienen en frente y que con humildad reconozcan que todos, aunque luzcan diferente a nosotros (y algunas veces no nos guste) tienen una historia interesante que contar, algo increíble que enseñar, algo hermoso que transmitir… que comprendan que el que su vida y sus decisiones se hayan dado en circunstancias diferentes a las que nosotros vivimos, no las hacen despreciables y menos nos otorgan el derecho de juzgarlas. No es fácil, requiere un mayor esfuerzo, mayor apertura de mente y corazón, pero así es como debe ser.

Quiero enseñarles con mi ejemplo a respetar su hogar, su planeta, su universo, a sus semejantes, a sus hermanos, pero en toda la extensión de la palabra, en todo lo que implica y conlleva… no solo a su conveniencia. A que estén ciertos de que son valiosos por quienes son, no por como lucen. A regirse y a tomar decisiones escuchando a su corazón, no por el que dirán. A nunca sentirse con derecho de juzgar a otras personas porque nunca se sabe que espíritu mora dentro de ellos.
A experimentar, a vivir su propia vida y a cometer sus propios errores, a estar ciertos de que independientemente de eso, sus sentimientos hacia mi y mi infinito amor hacia ellos no disminuye…. Tampoco importa como me vea yo o como se vean ellos, igual nos amamos profundamente… de eso no hay duda.
Quiero que aprendan de mi a sentir confianza en que cuando llegue el momento para ellos de tomar sus propias decisiones, contarán con mi apoyo, con mi cariño y mi respeto… ya que estoy consciente de que son personas independientes, espíritus libres, únicos y maravillosos y que no están obligados a comportarse de la misma manera en que yo lo he hecho y que en mi encontrarán palabras de amor (aunque algunas veces firmes y severas), pero siempre de amor, de confianza y jamás serán juzgados, ya que definitivamente a mi no me corresponde hacerlo.

Hoy me detengo a reflexionar y decido que con mi ejemplo, yo quiero ayudar a mis hijos a que se sientan bien consigo mismos, fuertes, capaces de tomar sus propias decisiones, que confíen en su corazón, que se sientan felices y disfruten cada momento de sus vidas, a que amen profundamente, a que siempre hablen con la verdad y se muevan libres, íntegros, respetuosos y tolerantes…. porque yo me siento así, soy feliz, estoy plena y lo aprecio cada segundo; ese es el buen ejemplo que quiero ser para ellos ¿tu qué ejemplo quieres ser para los tuyos?




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