domingo, 28 de octubre de 2007

Cómo manejar los miedos de tu hijo

Todas las personas, desde los niños hasta los adultos mayores, experimentamos ansiedades y miedos de vez en cuando. Sentirse ansioso en una situación particularmente incómoda y nunca es agradable. Sin embargo, cuando se trata de los niños, experimentar este tipo de sentimientos es normal y necesario. Sentir y lidiar con la ansiedad puede preparar a las personas más jóvenes a hacer frente a experiencias y situaciones retadoras en la vida.

La ansiedad y el miedo son normales
La ansiedad es “una aprehensión sin una causa aparente.” Suele ocurrir cuando no existe una amenaza inmediata a la seguridad o el bienestar de una persona, pero sin embargo el peligro se siente como algo real. La ansiedad hace que una persona quiera escapar de una situación rápidamente. El corazón late con velocidad, el cuerpo puede que empiece a sudar y pronto la persona sentirá “mariposas” en el estómago. Un poco de ansiedad puede ayudar a las personas a mantenerse alerta y concentradas. Sentir miedo o tener ansiedad sobre ciertas cosas puede ser positivo porque hace que los niños se comporten de una manera más segura. Por ejemplo, un niño que tenga miedo al fuego evitará jugar con fósforos.

La naturaleza de las ansiedades y de los miedos cambia a medida que los niños crecen y se desarrollan:
Los bebés experimentan ansiedad ante los extraños, abrazando fuertemente a sus padres cuando personas que no reconocen se acercan a ellos.
Los niños de 10 a 18 meses experimentan ansiedad debido a la separación, sintiéndose emocionalmente disgustados cuando uno o ambos padres se apartan de su lado.
Los niños con edades entre 4 y 6 años sienten ansiedad respecto a las cosas que no se basan en la realidad, como por ejemplo, el miedo a los monstruos y a los fantasmas.
Los niños entre los 7 y 12 años, generalmente tienen miedos que reflejan circunstancias reales que pueden ocurrirles como por ejemplo, lastimarse o enfrentar desastres naturales.

A medida que los niños crecen, un tipo de miedo puede desaparecer o ser reemplazado por otro. Por ejemplo, un niño que no puede dormir con la luz apagada a los cinco años puede que disfrute un cuento sobre fantasmas años después, al asistir a una fiesta. Algunos miedos pueden referirse únicamente a un cierto tipo de estímulo. En otras palabras, un niño puede tener ganas de acariciar a un león en el zoológico pero ni por error se acercaría a acariciar al perro de un vecino.
Reconociendo los síntomas de la ansiedad
Los miedos típicos de la niñez cambian con la edad. Estos incluyen el miedo a los extraños, a las alturas, a la oscuridad, a los animales, a la sangre, a las tormentas, a los insectos o a estar solo. Los niños generalmente aprenden a tenerle miedo a un objeto específico o a una situación después e haber tenido una experiencia desagradable, como la mordedura de un perro o un accidente.
La ansiedad a causa de la separación es muy común cuando los niños pequeños comienzan la escuela; mientras que los adolescentes pueden experimentar un tipo de ansiedad relacionada con la aceptación social y los logros académicos.
La ansiedad asociada con evitar situaciones sociales puede tener efectos a largo plazo. Por ejemplo, un niño con miedo a ser rechazado puede dejar de aprender ciertos hábitos para relacionarse en la sociedad, ocasionando que su aislamiento social.
Muchos adultos se sienten atormentados por miedos que comenzaron a partir de experiencias en la infancia. El miedo de un adulto de hablar en público puede ser el resultado de haber sido avergonzado en frente de compañeros del colegio muchos años atrás. Es importante reconocer e identificar los signos y los síntomas de las ansiedades de tus hijos para que la preocupación no sea excesiva.

Algunos de los signos que pueden revelar la ansiedad de un niño respecto a algo, pueden incluir:
  • una actitud demasiado apegada, impulsiva o distraída
  • movimientos nerviosos, como un tic temporal
  • problemas para quedarse dormido(a) o lo contrario, dormir más de lo normal
  • manos sudadas
  • ritmo cardiaco y respiración acelerada
  • nausea
  • dolores de cabeza
  • dolores de estómago

Además de estos signos, los padres generalmente pueden darse cuenta de cuando su hijo no se siente cómodo respecto a algo. Escucharles con atención siempre ayuda; algunas veces simplemente hablar sobre el miedo puede ayudar a un niño(a) a superarlo.

¿Qué es una fobia?
Cuando las ansiedades y los miedos persisten, algunos problemas pueden surgir. Independientemente de cuánto un padre desee que su hijo supere ciertos miedos, a veces lo contrario ocurre, y la causa de la ansiedad abarca más terreno y se hace más constante. La ansiedad entonces se convierte en una fobia o un miedo que es extremo, severo y persistente.
Una fobia puede ser difícil de tolerar, tanto para los niños como para las personas que los rodean, especialmente si los estímulos que producen la ansiedad (cualquier situación u objeto que la motive) sea difícil de evitar (por ejemplo, las tormentas).
Las fobias "reales" son una de las principales causas por las que los niños son referidos a los profesionales de la salud mental. Pero a menos que la fobia de un niño impida su capacidad de funcionar diariamente, el niño no necesitará tratamiento con un profesional ya que con el tiempo la fobia desaparecerá.

Enfocándose en las ansiedades, los miedos y fobias de tu hijo(a)


Intenta contestar a las siguientes preguntas con honestidad:

¿Los miedos y el comportamiento que tu hijo demuestra son típicos de un niño de su edad?
Si la respuesta a esta pregunta es sí, es muy probable que los miedos de tu hijo se resuelvan antes de que se conviertan en una causa para preocuparse. Esto no significa que la ansiedad debe ser ignorada u olvidada; en su lugar, debe ser considerada como un factor en el desarrollo normal del niño.
Muchos niños experimentan miedos normales para su edad, como el miedo a la oscuridad. La mayoría de los niños, con apoyo (quizás una lámpara nocturna), superarán este miedo. Sin embargo, si el problema continúa o si existe ansiedad frente a otros temas, la intervención puede que tenga que ser más intensiva.

¿Cuáles son los síntomas del miedo y cómo afectan al funcionamiento personal, social y académico de tu hijo?
Si los síntomas pueden ser identificados y considerados con base a las actividades diarias de tu hijo, pueden hacerse ajustes para aliviar algunos de estos factores de tensión.

¿Parece el miedo poco razonable en relación a la realidad de las situaciones, y pudiera ser un signo de un problema más importante?
Si el miedo de tu hijo parece estar fuera de proporción, puede ser una señal de que es necesaria la ayuda de un consejero, un psiquiatra o un psicólogo.
Es una buena idea que los padres busquen patrones de comportamiento. Si un incidente aislado se resuelve, los padres no deberían hacerlo más significativo de lo que fue. Sin embargo, si existe un patrón persistente o si surge uno que trascienda, debes intervenir. Si no lo haces, es posible que la fobia influya sobre tu hijo más adelante.
Puedes contactar con el pediatra o con un profesional de la salud mental con la experiencia para trabajar con niños y adolescentes.
Cómo ayudar a tu hijo(a)
Los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar los elementos y la confianza en sí mismos para superar los miedos evitando que se conviertan en reacciones fóbicas. A continuación se detallan algunos consejos para que puedas ayudar a tu hijo con los miedos o ansiedades que pueda tener:
  • Reconoce que el miedo es real. Tan trivial como parezca; para tu hijo es real y está causando que sienta ansiedad y miedo. Ser capaz de hablar sobre el miedo ayuda – las palabras a veces le quitan el poder a los pensamientos negativos. Si hablas acerca de ello, el miedo puede ser menos poderoso.
  • Nunca opines que el miedo es insignificante para forzar a tu niño a que lo supere. Decirle a tu hijo, "¡No seas ridículo! ¡No hay monstruos en tu closet!" puede que haga que el niño vuelva a la cama, pero no hará que el miedo desaparezca.
  • No te rindas ante los miedos. Si a tu hijo no le gustan los perros, no cruces la calle a propósito para evitar encontrarte con un perro. Este comportamiento fortalecerá el pensamiento de que los perros deben evitarse. Brinda apoyo y demuestra protección a medida que te acerques con tu hijo al objeto o situación que genere temor.
  • Enseña a tu hijo a evaluar el miedo. Si tu hijo puede visualizar la intensidad del miedo en una escala del 1 al 10, con el número 10 como el más fuerte, él o ella puede que "vea" al miedo con menos intensidad de lo que originalmente imaginaron. Los niños más jóvenes pueden pensar en sentir miedo "hasta las rodillas" como algo no muy temido, "hasta el estómago" como algo más temido y "hasta la cabeza" como petrificado.
  • Enseña a tus hijos estrategias para hacer frente al miedo. Intenta estas técnicas fáciles de implementar. Utilizándote como la "base”, el niño puede atreverse a acercarse al objeto temido y luego volver a acercarse a ti en busca de seguridad antes de volverse a cercar al objeto o situación temida. Los niños también pueden aprender frases positivas sobre sí mismos, como por ejemplo: "Yo soy capaz de hacer esto", “Soy fuerte”, “Soy poderoso / yo tengo el poder” y "Yo voy a estar bien," las cuales el niño puede repetirse a sí mismo cuando sienta ansiedad. Las técnicas de relajación también ayudan, incluyendo la visualización (flotar sobre una nube o descansar en la playa, por ejemplo) y respirar profundamente (imaginando que los pulmones son globos y dejar que se desinflen lentamente).

La clave para resolver los miedos y las ansiedades es superarlas. Utilizando estas sugerencias, puedes ayudar a que tu hijo lidie con las situaciones de la vida.

1 comentario:

Rebeca Blanco dijo...

Me encantó tu blog... de seguro estaré pasando un buen rato leyendo tus lecturas y de seguro obtendré muy buenos consejos!!!.

Por fa, no dejes de escribir!!! Aunque sea una vez al año!

Besos,

Rebeca Blanco